El Principito

Siempre he amado el desierto. Puede uno sentarse sobre un médano de arena. No se ve nada. No se oye nada. Y, sin embargo, algo resplandece en el silencio…

Recuerdo lo maravilloso que era el aburrimiento en aquella casa de mi abuela en La Orotava, donde junto con mis hermanos descubrí algo que marcaría y me seguiría en todas las etapas de mi vida. Existen muchos tipos de hobbies, pero el que me tocó, es de los que están en lo último de la lista, de esos que tardas en explicar de que se trata. El mejor hobby del mundo es disfrutar plenamente de algo en esta vida; volver a gozar montando y pintando vehículos a escala 1:76 de Matchbox que mi padre nos compraba en el bazar, es volver a nacer cada instante, cada momento, es volver a escuchar Dire Strait, U2, Van Morrison, Bumbury, Pink Floyd o Bruce Springsteen, es volver a ver un atardecer en el Teide, oler la laurisilva en los montes de Anaga, sentir el viento en Lanzarote, despertar en un hotel en Praga o contemplar el desierto del Wadi Rum.

Cuando se descubre esta forma de ver la vida, se descubre el amor de unos padres, de unos hermanos, de unos amigos, de una persona en particular; no hacen falta preguntas, ni comprender, simplemente se goza en una soledad llena de gente maravillosa que orbitan a mí alrededor.

Entre esa gente maravillosa se encuentran tres maquetistas fabulosos, y no porque sean leyendas, que lo son, sino porque son muy buenos y aman este hobby tanto como lo amo yo. Enrique, Alex y Secundino son personas que no paran de investigar nuevas técnicas de montaje y pintura, nuevos materiales, su pasión es tan enorme que me siento un privilegiado de tenerlos ahí y aprender de ellos. En esta vida de maquetas nos une la pasión y el amor por compartir desde niño un hobby con el que se disfruta toda la vida. Algo que no se puede dejar porque aunque se deje, ahí estará nuestro buen amigo Enrique para recordarnos cual es nuestro deber. No hemos hecho juramento a ninguna bandera, ni nos hemos declarado con un anillo,  pero el amor incondicional que sentimos, nos basta para darnos cuenta de todo lo que nos aporta este hobby, aprendemos a ganar perdiendo.

Todo el tiempo que pierda, lo gano pensando que no puedo tomar nuevas decisiones con las decisiones que he tomado siempre; es un juego. Cada maqueta es un nuevo descubrimiento al igual que lo es la vida. Hay muchos encuentros en esta vida, pero el más extraordinario es el encuentro  con uno  mismo. Situarse ante una maqueta sin abrir, en una mesa limpia con todo tipo de herramientas, pinturas y pinceles, es tan vertiginoso como mirarse a un espejo. Creo que la motivación está en otra parte; para este juego no se necesita de un don especial, ni una gran formación, es algo que surge de manera natural en todos los humanos.

En este primer momento, ante lo desconocido, nos ponemos siempre a la defensiva y utilizamos todo tipo de razones para no dejarnos arrastrar hacia ese espacio que se abre. Los pensamientos empiezan a trabajar con ese miedo de:  “que cantidad de piezas, que complicado, yo no tengo paciencia, yo no se, voy a tardar muchos años”- . Luego, al momento, todos los pensamientos enmudecen y solo obedecemos a la hoja de instrucciones paso número 1. Sin darnos cuenta, se empezará a crear un hábito de vivir esos momentos como un alivio donde siempre queremos regresar. La maqueta a elegir es libre, nadie nos lo impone, seguiremos nuestro impulso pues todo será válido porque nadie lo juzgará. Esta sociedad me dijo que el mejor gana. Llegar al camino del triunfo solo nos lleva a creer que solo cuentan las felicitaciones y las buenas notas. En “feliz como un niño que pinta” de Arno Stern dice: “Has hecho el dibujo para que lo celebren, y no has sentido el menor placer de hacerlo, te han dicho que ni siquiera deberías desear ese placer, pues nadie lo siente, solo has sentido la angustia ante el buen resultado. No siempre lo has logrado. Y es que te ha llevado a creer que no estabas entre los mejores. Y has envidiado – aunque sea un poco- a quienes sí obtenían resultados excelentes. En esa carrera por el éxito, ha desaparecido la serenidad. Has llegado a ser tan dependiente de quienes te juzgan que ni si quiera concibe un acto sin resultados cuantificables. Te sientes muy incómodo, inseguro, sin referencias. La libertad te da pánico”.

Expresar algo sin dolor sabiendo que los términos éxito/fracaso no existen en este hobby, nos lleva a no ser competitivos, no intentamos ser mejores que los demás, sino con nosotros mismos. Cada maquetista crea su propia individualidad y su propia identidad.

No me gustan las guerras ni la violencia, de niño en el colegio ya era alto para mi edad y me dedicaba a poner paz cuando había algún conflicto o abusos contra los más débiles del colegio, siempre me ha gustado ayudar y proteger. Sin embargo, me gusta hacer maquetas de la segunda guerra mundial para denunciar los horrores de lo que no puede volver a suceder y no podemos olvidar; sin darnos cuenta cometeremos los mismos errores. Las desigualdades siguen ocurriendo, aunque se intenta camuflar haciendo una mezcla de personas pero no de pensamientos, la capa de la civilización  sigue siendo todavía demasiado fina. Todo puede ser corrompido.

El odio que se transmite de generación en generación a lo largo de la historia es el sufrimiento por una idea que nos impide amar, la verdad no puede estar en una sola persona, los nazis pensaban que su verdad era la única. Una idea real no existe, nos educan a tener muchas ideas para evolucionar, pero lo peor que podemos hacer es identificarnos con una idea y peor todavía es morir por una idea impuesta por otro. “Estos son mis principios y si no le gustan tengo otros” decía Groucho Marx. No pensamos, sólo opinamos y cuando opino es cuando algo va en contra de mi mismo. En El Arte de la Guerra de Sun Tzu dice: “la invencibilidad está en uno mismo,  la vulnerabilidad en el adversario”.

La esencia del pensamiento siempre es la misma. El progreso por desgracia cada vez evoluciona más hacia la decadencia de los pueblos y al triunfo de los arribistas.

Este mundo de maquetas al igual que en la vida, consiste en alcanzar la serenidad de aceptar las cosas inevitables, el valor de cambiar las cosas y la sabiduría de poder distinguir unas de otras.

Me doy cuenta de la cantidad de cosas, vivencias y experiencias me han pasado desde que hice mi primera maqueta, para llegar a la conclusión de cómo se disfruta del momento sin pensar en su final, sólo sentir el proceso donde la creatividad nace en la libertad de mis pensamientos.

Dedicado a mis buenos amigos Enrique, Alex y Secundino por ser mis guías maquetísticos.   

Javi Labory (Junio 2020)

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